En principio, la europea apunta a instalar del orden de 1.000 MW de nueva capacidad considerando eólica, solar, baterías y gas natural, en un plan a cuatro o cinco años.

La diversificación geográfica de su producción es uno de los ejes del plan de desarrollo que Engie Energía Chile está diseñando para responder a las nuevas condiciones del mercado eléctrico local.

Tras dar los primeros pasos concretos para el retiro de unidades que operan en base a carbón y haber renegociado, en abril pasado, algunos de sus contratos con grandes clientes mineros, donde a cambio de rebajas de precio logró prolongar en promedio seis años la vigencia de estos compromisos, la compañía trabaja ahora para plasmar todas estas nuevas condiciones en su portafolio productivo, que en total considera sumar unos 1.000 MW de nueva capacidad.

En este sentido, la europea está analizando cuatro regiones de la zona centro-sur del país para extender su presencia, hoy concentrada en el extremo norte del territorio, en lo que hasta octubre fue el Sistema Interconectado del Norte Grande (SING).

La eléctrica sondea por estos días desarrollos desde cero y compras de proyectos renovables de fuente variable, fundamentalmente eólicos, en las regiones de O’Higgins, Biobío, La Araucanía y Los Lagos. Así lo informó la compañía a analistas en una presentación corporativa.

Incluso la empresa está dando los primeros pasos para habilitar oficinas en algunas de estas regiones y reclutando profesionales que lleven adelante el relacionamiento con las comunidades de las zonas donde podrían ubicar sus nuevas centrales.

Se trata de iniciativas de tamaño más reducido, comparado con lo que la generadora tenía acostumbrado impulsar, con capacidades que podrían bordear los 100 a 150 MW, porque el interés de la firma, comentan en el mercado. Añaden que de esta forma, la generadora buscaría contar con posiciones en diversos puntos del sistema, de forma de organizar un mix de abastecimiento que les permita responder a estas nuevas demandas.

Con esta estrategia también podrían sortear las restricciones en la capacidad de transporte de la energía, situación que, por ejemplo, deriva en desacoples, que exponen a las generadoras a tener que pagar un precio mayor por la energía que retiran de la red, respecto del valor al que inyectaron en un punto diferente del sistema.

Rotación de activos

La decisión de dejar de operar cuatro de sus unidades en base a carbón, de las cuales dos ya cuentan con la aprobación de la autoridad y serían desconectadas en abril del próximo año (condicionado a que esté plenamente operativa la línea Cardones-Polpaico), puso a Engie en la tarea de concretar la rotación de activos por unos 300 MW, con el objetivo de sustituir esa capacidad. Ahí es donde entran estos proyectos.

El horizonte con el que se está ejecutando este plan es de unos cuatro a cinco años, período en el que la compañía determinaría finalmente cuál será la inversión que ejecutará, ya que en ese momento se habrá concretado el cambio en las fórmulas de indexación de los contratos que renegociaron con mineras como Codelco y El Abra, los que además de rebaja en el precio, a cambio de extensiones de plazo, estipulan sacar el carbón para actualizar el precio de la energía, sustituyéndolo por el CPI de Estados Unidos

Según comentan conocedores del sector, son varios los aspectos que podrían influir a la hora de optar: la evolución de la demanda eléctrica, que por ahora se mantiene reducida y determina la cantidad de energía que requieren producir; los avances en eficiencia de los equipos de generación renovable (aerogeneradores o paneles fotovoltaicos), junto a otras señales de mercado, como la propia transmisión, todo lo cual determinará además, el monto de inversión que la empresa ejecutará.

El caso de Las Arcillas

Los 480 MW de capacidad de la central de ciclo combinado en base a gas natural Las Arcillas, ubicada en la Región del Biobío, forman parte del plan por 1.000 MW que Engie tiene en carpeta. Y siguiendo la misma línea de los desarrollos fotovoltaicos en el norte y eólicos en la zona centro-sur, que la europea tiene en carpeta, la construcción de esta unidad térmica no está asegurada y dependerá de la evolución de varios elementos: uno de ellos, la proliferación de unidades renovables de fuente variable en esta zona del país. Lo anterior porque la generación en base a gas natural es la opción térmica que mejor se adecua a los requerimientos de respaldo de la energía eólica, ya que tienen la capacidad de adaptar su funcionamiento a los ciclos de disponibilidad e indisponibilidad de viento. Por esta razón Engie mantendría esta iniciativa que fue aprobada ambientalmente en abril de este año y requiere unos US$ 400 millones de inversión, entre sus proyectos probables.

Fuente: Diario Financiero